El texto a continuación sirve como referencia para lacuestione.
Tápate el culo
Resulta que el culo era lo más importante. Pero vamos por partes. La primera tiene que ver con algunos especímenes de sexo masculino y con su particular visión de los traseros de algunas mujeres, en concreto las socorristas de las playas de Gijón. Ellas están allí para salvar vidas – en España mueren ahogadas casi cuatrocientas personas cada año, no lo olviden – y las presuponemos con formación y la experiencia suficientes para meterse en el agua, superar las condiciones adversas que haya en ese momento, sacar a alguien, que incluso pese el doble que ellas, y llevarlo sano y salvo a la arena. Y, si no lo está, practicarle la reanimación cardiopulmonar o el auxilio que necesite hasta que llegue la ambulancia.
Pero, a pesar de todo, esas mujeres han sido noticia por sus culos. Literalmente. Las redes se han llenado de fotografías de los traseros de estas socorristas, acompañadas de zafios comentarios machistas.
La segunda parte de esta historia tiene que ver con la solución que ha encontrado el Ayuntamiento de Gijón para atajar la polémica: pedirles a esas socorristas que se pongan el pantalón encima del traje de baño de trabajo. Es decir, que se tapen. ¿Qué implica esto? Pues no solo que tengan más dificultades a la hora de rescatar a alguien que se está ahogando, sino que haciendo que ellas se cubran las estamos culpabilizando.
(Texto adaptado – CHAPARRO, Carme. Calladita estás más guapa. Madrid: Espasa, 2019.)El cambio en la vestimenta de las socorristas:
Leia o texto a seguir para responder à questão.
EL PERIODISMO DE CALIDAD
A los que hurgamos en la letra pequeña de los periódicos para buscar algún tema que pudiera ser de interés para el lector nos pasa como a los ropavejeros, que debemos desechar mucho material hasta encontrar algo que merezca la pena. Hace unos días, por ejemplo, me topé con una entrevista al octogenario periodista norteamericano S. Hersh galardonado con el Pulitzer por haber destapado matanzas durante la guerra de Vietnam entre otros sórdidos asuntos. Ahora promociona un libro con sus memorias como reportero, incluyendo entre ellas su versión sobre la muerte de Bin Laden que no coincide en absoluto con la oficial.
Según Hersh, el terrorista líder de Al Qaeda estaba preso en Pakistán desde 2006 y Arabia Saudí, con cuya familia real estaba emparentado, pagaba los gastos del cautiverio. Y cuando el Gobierno de Estados Unidos tuvo conocimiento del hecho acordó con el Gobierno de Islamabad su asesinato. Por tanto nada que ver con el relato oficial hasta ahora conocido, ese que incluía la incursión de un comando en territorio paquistaní, el asalto a la residencia de Bin Laden, su muerte a tiros y el traslado de su cuerpo a un barco de guerra norteamericano para, por último, ser sepultado en las profundidades del Océano Índico al objeto de evitar que su tumba se convirtiese en lugar de peregrinación.
La fuerza de los mitos (aunque “repugne a la razón” como nos enseñaron en el Bachillerato) se sobrepone casi siempre a la realidad. No sabremos nunca (o al menos en esta generación) cuánto hay de verdad y de mentira en el relato oficial de ese suceso ni tampoco sobre la actuación y complicidades del que fue considerado el “enemigo número uno de la humanidad”, aquel que nos amenazaba desde una cueva en Asia. Lo que sí es seguro es que tenemos todo el derecho a dudar de que todo eso fuera cierto. Últimamente se viene hablando en diversos foros sobre el periodismo de calidad entendiendo por tal (al menos yo) el que ofrece una versión de los hechos lo más ajustada posible a la realidad, y con la misma vocación de objetividad que una investigación judicial. Tarea complicada, y difícil de cumplir
PONTE, José Manuel. El periodismo de calidad. Disponível em: https://www.eldia.es/opinion/2019/06/28/periodismo-calidad/988106.html. Acesso em: 18 out. 2019. (Adaptado).El autor señala, en el segundo párrafo, que, en el libro que ha leído,
La grandeza de la soledad
A medida que compruebo que mi vida depende cada día más de los otros, sean los desconocidos miembros del Banco Mundial o el fontanero, crece una cierta misantropía en mi interior que me incita a admirar aquellos trabajos cuyos resultados son frutos estrictamente individuales. Mi fe en el corredor de los 100 metros es infinitamente superior a la que pueda sentir por el afamado presidente ejecutivo de una inmensa compañía, llena de asesores, técnicos y consejeros. La autenticidad de la valía del saltador de pértiga me parece mucho más fácil de comprobar que la habilidad de un ministro, a quien presumo rodeado de funcionarios, expertos y auxiliares de toda índole. Ese tipo que se dispone a lanzar la pesa lo más lejos posible, aunque haya tenido a su disposición entrenadores, dietistas e incluso esos médicos que con los fármacos lo pueden poner a pie de la descalificación, está solo y lo que haga, bien o mal, será de su estricta responsabilidad. En una sociedad donde nadie se siente responsable de los desastres que ocasiona, porque siempre hay factores e interacciones exculpatorias, el trabajo solitario adquiere una noble grandeza, una referencia necesaria. Quien falla en el salto de longitud no puede aducir que sus padres se divorciaron, que el capitalismo le oprime o que está triste por el empobrecimiento de la biodiversidad. Un atleta es un ciudadano que se presenta ligero de equipaje y que no tiene preparado un rosario de excusas si no sale bien su ejercicio.
La asunción de la responsabilidad individual es una tarea pendiente de esta sociedad. El día que salga alguien y diga "señoras, señores, les pido disculpas porque me he equivocado; ha sido un error; es culpa mía", a lo peor avisan al personal del frenopático porque se dudará de la salud mental del sincero. Rodeados de soberbios, trepas, simuladores, mediocres y maniobreros, la figura del atleta en la pista casi resulta extravagante. Está solo. Con su responsabilidad y sus fuerzas. Con sus temores y sus glorias. Solo en su grandeza.
Luis del Val, El PaísEl autor del texto nos ofrece una apología de la soledad porque:
TEXTO:
El buen traductor
El oficio de traductor es un trabajo oscuro. Y cuando
digo oscuro, me refiero a que nadie, o casi nadie, es
capaz de detenerse en ese esfuerzo. Gracias a ellos,
podemos leer cualquier libro escrito en cualquier lugar
[5] del mundo. Y no solo se trata de que el lector valore ese
trabajo, sino que también, de llamar la atención del crítico
literario que pocas veces reivindica o hace referencia a
la traducción del libro que está analizando. Cuando quizá
la habilidad del traductor ha conseguido que ese crítico
[10] pueda acercarse a ese libro. Después incluso se podrá
cuestionar la traducción. Cada trabajo lleva su firma, el
traductor merece también que el suyo se lo reconozca.
El autor del texto afirma que el trabajo del traductor
TEXTO:
A la crisis, ¡ponle color!
La crisis es lo mejor que puede sucederle a
personas y países, porque la crisis trae progresos. La
creatividad nace de la angustia como el día nace de la
noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los
[5] descubrimientos y las grandes estrategias. Quien la
supera se supera a sí mismo sin quedar “superado”.
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias,
violenta su propio talento y respeta más a los problemas
que a las soluciones. La verdadera crisis, es la de la
[10] incompetencia. El inconveniente de las personas y los
países es la pereza para encontrar las salidas y
soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la
vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay
méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada
[15] uno, porque sin ella todo viento es caricia. Hablar de
crisis es promoverla y callar en la crisis es exaltar el
conformismo. En vez de esto, trabajemos duro.
Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora,
que es la tragedia de no querer luchar por superarla.
EINSTEIN, Albert. A la crisis, ¡ponle color! Disponível em:<http://morasha.wordpress.com/2009/04/>. Acesso em: 28 set.2011. Adaptado.El autor del texto
TEXTO:
Vivir en la red
El proceso de desconexión es imposible. Si intento
mantenerme al margen del mundo digital, la situación
se torna complicada. Una situación de ansiedad por
temor a la irrelevancia recorre mi ser, devolviéndome a
[5] los tiempos en que solo la interacción humana física y
directa creaba nuestra esencia social. Un día sin publicar
o interaccionar en una de las redes sociales se hace
demasiado largo. Existe una sensación de no haber vivido
nada si tu perfil no se ha actualizado con alguna vivencia,
[10] foto o reflexión a la que los demás pueden dar su
aprobación o no. Desconocemos todo aquello que implica
pinchar el botón que reza como “acepto”, de hecho,
¿cuántos han leído la larga y tediosa política de privacidad
de todas las páginas que visitamos o en la que nos
[15] registramos? Quizá sea hora de preguntar, de buscar,]
de mirar arriba, a los ojos, y de vivir los momentos
dejándoles grabarse en nuestras mentes de forma
natural. Hora de pasar el síndrome de abstinencia, hora
de vivir sin publicar.
CAMBRONERO, Pablo. Disponível em: <http://elpais.com/elpais/2016/07/ 17/opinion/1468769420_578574.html>. Acesso em: 21 ju.2016. Adaptado.
El autor del texto
Leia a charge que segue e responda à questão.
La viñeta muestra a un personaje confuso.
El autor de la viñeta quiere transmitir que el motivo de la preocupación del personaje es la
TEXTO:
El autor de la viñeta
El autor de la viñeta
TEXTO:
El autor de la viñeta